La crisis internacional, el avance de la inteligencia artificial y las tensiones políticas encienden alarmas y amenazan con complicar la recuperación económica argentina.
Por Miguel Ángel Rouco
Ya sea por el ambiente internacional o bien por las urgencias y miserias electoralistas, la política vuelve a entrometerse en el ambiente económico, regando y contaminando un proceso que venía a corregir los errores de antaño.
En efecto, desde el ámbito externo, la convulsión geopolítica no termina de calmar las aguas y provoca un aumento generalizado de la inflación en todo el mundo, a partir del incremento del precio del petróleo.
A juzgar por los dichos de la Casa Blanca, nada parece modificar el tablero internacional en lo inmediato, al menos, hasta las próximas elecciones legislativas en los Estados Unidos. Después, se verá. Por ahora, son dudas e incertidumbre, lo cual paraliza aún más el normal flujo de negocios en todo el mundo.
Un elemento que arroja más sombras es la incursión de la Inteligencia Artificial (IA) en un tablero muy complejo. ¿Cuál es el destino de la economía mundial a partir de este nuevo jugador? Ni siquiera está claro para los inversores que, hasta ahora, han puesto montañas de dólares, pero que aún no han cosechado resultados y tampoco saben si podrán lograrlo, lo cual aumenta los interrogantes.
La IA ha sembrado zozobra en todo el mundo y ahora ni siquiera las élites de la gobernanza planetaria saben hacia dónde se dirige la nueva economía manejada por la tecnología.
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, afirmó que «la inteligencia artificial sostiene el crecimiento global en torno al 3%, pero advirtió que podría transformar los mercados laborales, los sistemas tributarios y la educación». Lo dijo en la apertura de las reuniones del FMI y el Banco Mundial en Tailandia.
Sin duda, la IA se ha convertido en un arma de doble filo para la estabilidad económica mundial. Según explicó, el auge de estas inversiones ya produce un “shock de demanda, un shock de inversión” que podría sumar entre 0,5 y 1 punto porcentual al crecimiento de las economías asiáticas avanzadas y entre 0,2 y 0,8 puntos al de las emergentes. “A la IA, la ames o la odies, ya está acá”, sentenció.
Pero al mismo tiempo, la funcionaria del FMI advirtió que «las investigaciones del organismo muestran que alrededor del 40% de los puestos serán potenciados, degradados o eliminados por esta tecnología. En las economías avanzadas, la proporción podría llegar al 60%».
Los estadounidenses Robert Hall y Michael Woodford ganaron el Premio Nobel de Economía 2026
Finalmente, admitió que «las consecuencias alcanzarían al empleo, al crecimiento, a la educación e incluso a la forma en que los gobiernos recaudan impuestos, por el desplazamiento previsto de los ingresos del trabajo hacia los del capital».
Esto, sumado al aumento de la inflación, lleva a que los principales bancos centrales del planeta se anticipen a una crisis y apliquen un incremento en sus tasas de interés de referencia, para curarse en salud.
Estas decisiones obligan a un replanteo de todos los inversores y provocan una retracción en los flujos de capitales, comenzando por los países emergentes o de frontera, como la Argentina.
La menor disponibilidad de capital (divisas) genera a nivel local dudas sobre la potencial capacidad de repago de la deuda por parte de la Casa Rosada. De esta manera, no es casual que el presidente Javier Milei emita constantemente señales de tener un amplio poder de fuego para contrarrestar una eventual dolarización de carteras o, dicho en criollo, una potencial corrida cambiaria.
Sin embargo, la dirigencia política vernácula o la casta elige mirar para otro lado, tal como es su costumbre, y dar la espalda a la sociedad y sus urgencias.
El crimen se apodera de las calles, la salud está en una crisis terminal, la educación navega al garete y la esperanza de la gente se esfuma…
A pesar de todo, la inflación parece controlada por debajo del 2% mensual. Las exportaciones podrían superar los 100.000 millones de dólares este año y la economía crecería 1,5% anual, en medio de un tembladeral mundial, lo cual es un milagro en un país que hace tres años ardía.
Pasar del infierno al paraíso en tres años no solo no es fácil, sino que es imposible. Sin embargo, los románticos del cinismo y la mentira venden ilusiones a diario…
