Los precios dejaron de ser la única variable de ajuste y ahora el foco pasa a salarios, consumo y actividad.
Por Miguel Ángel Rouco
El pico de inflación de marzo marcó un punto de inflexión en el afán de algunos sectores económicos concentrados de continuar ajustando sus costos mediante la suba de precios.
La zozobra parece haber quedado atrás. Ahora es tiempo de retomar el camino de las reformas.
Se terminó ese proceso porque no hay margen para mayores desafíos. Los salarios han alcanzado un piso insostenible y ahora, la mejora en la productividad y el deterioro de la pirámide de ingresos por el efecto inflacionario llevaron a un escenario que bordea la recesión.
El ajuste monetario que lleva adelante el gobierno generó un dique de contención a esa perversa costumbre de ajustar costos vía precios.
En lo sucesivo, aquellos sectores que estén en mejores condiciones y hayan hecho un ajuste en sus estructuras de costos serán los que sacarán más réditos de la mejora del nivel de actividad.
¿Por qué? Simple, porque estarán en mejores condiciones de brindar productos y servicios de calidad superior y a un precio igual o menor que antes, a pesar de que existen innumerables factores que aún le juegan en contra y que ahora dependen de decisiones oficiales.
¿Cuáles son esos factores? La presión impositiva agregada. El efecto de la acumulación de impuestos nacionales, provinciales y tasas municipales distorsivas deberá empezar a desaparecer para permitir una recuperación de la actividad económica.
Estos factores disruptivos impiden no solo el crecimiento de la economía, sino que se transforman en un freno en la creación de empleo y en una mejora en los salarios.
Es una utopía pensar en un crecimiento de la actividad económica con esta carga impositiva.
Otro factor clave es la mejora en la reforma de mercados poco competitivos que genera la cartelización de precios.
Pobreza infantil en Argentina: los datos que preocupan pese a la baja en 2025
En este campo, hay sectores de servicios que deberán ser desregulados de manera urgente para evitar una mayor concentración.
En especial, los servicios financieros como bancos y seguros, que representan verdaderos nidos oligopólicos.
De la misma manera, el sector del transporte y turismo, donde a pesar de alguna desregulación, sigue mostrando una rigidez de oferta muy marcada, como es el caso del transporte aerocomercial y terrestre de larga distancia.
Otro sector determinante y que puede dinamizar la economía es la energía.
Tal como está diseñado el mercado energético, con áreas diferenciadas como la generación, el transporte y la distribución, es necesario avanzar con una desregulación más profunda.
Detrás del potencial de Vaca Muerta y más aún el hallazgo de Rincón de los Sauces II, los canales de transporte de la energía resultan un cuello de botella, y las vías de distribución son insuficientes para llevar esa riqueza a todo el país.
El gobierno debe disponer cambios en la legislación para desarticular el entramado normativo que impide un desarrollo más rápido.
Inflación: alimentos se desaceleran y estiman un IPC mensual cercano al 3% para abril
Las autoridades tienen que avanzar con la desregulación para que cualquier inversor pueda construir nuevas redes de transporte de electricidad y nuevos ductos para transportar gas y petróleo.
En este punto, también se debe fomentar la construcción de nuevas destilerías de hidrocarburos para evitar tener que importar combustibles y así abaratar los costos logísticos.
Al mismo tiempo, se debe desregular el sector portuario para fomentar nuevas terminales más eficientes en el extenso litoral marítimo argentino.
Solo de esa forma, los costos de producción van a bajar, mejorando la competitividad de las exportaciones y permitiendo un mejor ingreso de divisas.
El gobierno se ha quedado dormido en este terreno y es hora de que despierte cuanto antes.
