Cómo Canadá puede poner en jaque la economía de EEUU en plena guerra comercial con Donald Trump

Ottawa analiza distintas medidas de presión, desde limitar el suministro de energía y minerales estratégicos hasta reducir el consumo de productos estadounidenses.


El gobierno de Mark Carney evalúa distintas represalias frente a los aranceles impulsados por Donald Trump. Energía, petróleo, minerales críticos, comercio y turismo aparecen como las principales herramientas con las que Ottawa podría golpear a la economía estadounidense.

Según pudo saber Notas de Actualidad, la guerra comercial entre Canadá y Estados Unidos volvió a escalar y el gobierno de Mark Carney dejó en claro que no descarta responder con medidas que podrían impactar directamente sobre la economía de su poderoso vecino del sur.

Aunque cerca del 70% de las exportaciones canadienses tienen como destino el mercado estadounidense, Ottawa también cuenta con importantes herramientas de presión. Canadá es uno de los principales proveedores de energía, petróleo, electricidad y minerales estratégicos para Estados Unidos, además de ser el mayor cliente comercial de decenas de estados norteamericanos.

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En este contexto, la disputa por los aranceles impulsados por Donald Trump abrió un escenario en el que las represalias canadienses podrían afectar industrias, consumidores y trabajadores estadounidenses justo cuando el debate económico gana peso de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato.

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La energía, una de las cartas más fuertes de Canadá

Uno de los principales recursos con los que cuenta Canadá es su enorme capacidad de abastecimiento energético.

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Según recordó el primer ministro Mark Carney, el país suministra la mayor parte de las importaciones estadounidenses de gas natural y electricidad, además de aportar alrededor del 60% del petróleo crudo que compra Estados Unidos desde el exterior.

Por el momento, la energía no forma parte de las contramedidas anunciadas oficialmente. Sin embargo, distintos dirigentes canadienses dejaron abierta la posibilidad de utilizar este sector como una herramienta de negociación si el conflicto continúa profundizándose.

El primer ministro de Ontario, Doug Ford, incluso había planteado anteriormente la posibilidad de aplicar un recargo sobre las exportaciones de electricidad hacia estados como Michigan, Minnesota y Nueva York, una medida que podría alcanzar a aproximadamente 1,5 millones de hogares y empresas, según estimaciones de su administración.

La importancia del suministro energético convierte a Canadá en un socio difícil de reemplazar para buena parte del territorio estadounidense.

Petróleo, potasa y minerales críticos: los recursos que necesita EEUU

Además de la energía, Canadá posee materias primas fundamentales para numerosas industrias norteamericanas.

Uno de los ejemplos más importantes es la potasa, un mineral utilizado para fabricar fertilizantes y del cual Canadá es el principal proveedor mundial. Una eventual restricción comercial podría repercutir directamente sobre el sector agrícola estadounidense y elevar los costos de producción de alimentos.

A esto se suman importantes reservas de litio, níquel y grafito, considerados minerales críticos para la fabricación de baterías, vehículos eléctricos y tecnologías vinculadas con la transición energética.

Estados Unidos es el principal destino de las exportaciones minerales canadienses, por lo que Ottawa también tendría margen para ejercer presión en este sector si decidiera ampliar las represalias comerciales.

Doug Ford sintetizó esa posición con una frase dirigida a Trump al asegurar que Estados Unidos no podría producir automóviles sin petróleo ni desarrollar su agricultura sin potasa canadiense.

Los aranceles de represalia apuntan a sectores estratégicos

Las medidas que Canadá analiza inicialmente no buscan afectar cualquier producto, sino concentrarse en sectores considerados estratégicos para la economía estadounidense.

La lista de represalias todavía está en elaboración, pero contempla aplicar aranceles equivalentes, bajo el criterio de responder “dólar por dólar”, sobre productos como acero, lácteos, electrodomésticos, equipos agrícolas, electrónica, pulpa y papel.

La intención del gobierno canadiense es generar un impacto económico sobre industrias estadounidenses sin abandonar por completo la vía de negociación diplomática.

Estas medidas podrían elevar los costos de exportación de numerosas empresas norteamericanas que dependen del mercado canadiense para mantener sus ventas internacionales.

El boicot de los consumidores ya provocó pérdidas millonarias

Canadá también demostró que la presión económica no depende únicamente de las decisiones gubernamentales.

Durante la primera etapa de la disputa comercial, la mayoría de las provincias canadienses suspendieron la venta de bebidas alcohólicas provenientes de Estados Unidos en sus licorerías oficiales.

La medida tuvo consecuencias significativas para la industria vitivinícola y de destilados estadounidense. Según datos citados en el informe, las exportaciones de vino hacia Canadá registraron una fuerte caída interanual, mientras que el sector de bebidas alcohólicas también sufrió un desplome de sus ventas.

El boicot continúa vigente en gran parte del país y se transformó en uno de los principales reclamos de los productores estadounidenses frente a la administración Trump.

Pero el impacto también se trasladó al turismo. Miles de canadienses redujeron sus viajes hacia Estados Unidos como forma de rechazo a la política arancelaria, provocando una disminución considerable del gasto turístico en ciudades y estados que históricamente dependen de visitantes provenientes de Canadá.

Algunas localidades estadounidenses incluso comenzaron a lanzar campañas y promociones especiales para intentar recuperar a esos turistas.

El peso político de los estados que dependen del comercio con Canadá

La relación comercial entre ambos países tiene una fuerte dimensión política. Canadá es el principal cliente de 26 estados estadounidenses y se ubica entre los tres mercados más importantes para 45 de los 50 estados del país.

Esto significa que cualquier reducción del intercambio comercial puede afectar directamente a industrias instaladas en territorios donde el empleo y la actividad económica dependen de las exportaciones hacia el norte.

Estados como Michigan, Maine y Wisconsin mantienen una estrecha relación comercial con Canadá y aparecen entre los más sensibles frente a una eventual profundización del conflicto.

Con las elecciones legislativas de mitad de mandato acercándose, el desempeño de la economía será uno de los principales temas de campaña, por lo que un aumento de precios o una caída en las exportaciones podría convertirse también en un problema político para la Casa Blanca.

El impacto que podría sentir el bolsillo de los estadounidenses

Los analistas advierten que la guerra comercial no solo afecta a empresas y gobiernos, sino también a los consumidores. La aplicación de nuevos aranceles puede trasladarse al precio final de numerosos productos importados, desde materiales para la construcción hasta artículos electrónicos y bienes de consumo cotidiano.

De acuerdo con estimaciones citadas por el informe, la política arancelaria estadounidense podría representar un costo anual cercano a los US$1.100 para los hogares del país si se mantienen las medidas actualmente vigentes.

Desde Canadá sostienen que una escalada comercial terminaría perjudicando principalmente al consumidor estadounidense, ya que muchos productos elaborados con materias primas canadienses podrían encarecerse en los comercios.

Un conflicto comercial que recién comienza

Pese a que Canadá reconoce que también sufrirá consecuencias económicas por la disputa, el respaldo político interno a una postura firme frente a Washington continúa siendo elevado.

Una reciente encuesta mostró un amplio apoyo de los ciudadanos canadienses a mantener una estrategia de negociación dura, incluso ante el riesgo de que los aranceles afecten el crecimiento económico y el empleo dentro del propio país.

Por ahora, Ottawa mantiene abiertas distintas alternativas de represalia y evita descartar medidas sobre sectores estratégicos como la energía y los minerales.

La evolución de la guerra comercial entre Canadá y Estados Unidos será determinante en los próximos meses. Mientras Donald Trump apuesta por utilizar los aranceles como herramienta de presión, Mark Carney busca demostrar que su país todavía posee recursos suficientes para poner en jaque a una de las economías más grandes del mundo sin romper completamente la histórica relación comercial entre ambas naciones.

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