La importancia geopolítica de las Malvinas había sido destacada previamente por George Anson, primer lord del Almirantazgo británico.
Por Fernando Del Corro
Hace 260 años, los británicos eran expulsados de las Islas Malvinas por orden del entonces gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula Bucarelli, quien dispuso el desalojo de los ocupantes del archipiélago, considerado ya en aquella época un territorio estratégico para el control del paso interoceánico entre el Atlántico y el Pacífico, así como de las zonas más australes del planeta.
La importancia geopolítica de las Malvinas había sido destacada previamente por George Anson, primer lord del Almirantazgo británico, quien afirmaba:
“Esta isla debe manejar los puertos y el comercio de Chile, Perú, Panamá, Acapulco y, en una palabra, todo el territorio español en ese mar. Hará que todas nuestras expediciones a esas partes sean más lucrativas para nosotros y más fatales para España”.
Fue así que en 1764, ya fallecido Anson, y siendo John Perceval, conde de Egmont, el nuevo primer lord del Almirantazgo, el Reino Unido de Gran Bretaña resolvió organizar con el mayor secreto una expedición al archipiélago malvinense, conscientes del conflicto que ello generaría con España. El hermetismo fue tal que los propios tripulantes conocieron su destino recién después de partir desde Brasil, última escala antes de arribar a las islas.
Los expedicionarios, encabezados por John Byron, avistaron la isla Gran Malvina el 11 de enero de 1765, hace hoy 260 años, y establecieron una base transitoria denominada Port Egmont, en homenaje a lord Perceval. Luego regresaron a Inglaterra, dejando como único emblema de posesión un huerto. El asentamiento definitivo se concretó un año después, cuando una nueva expedición al mando del capitán John McBride llegó al lugar el 8 de enero de 1766, con las embarcaciones Carcass, Experiment y Jason, nuevamente bajo un fuerte secreto.
Para entonces, Francia ya había avanzado sobre el archipiélago. El navegante Louis Antoine de Bougainville había fundado una colonia en la isla Soledad, en el marco de la política del rey Luis XV de ocupar territorios de ultramar. El archipiélago malvinense, como lo sigue siendo hoy, constituía un enclave estratégico fundamental.
Bougainville había partido de Saint Maló el 15 de septiembre de 1763 y arribó a Malvinas el 31 de enero de 1764. Tras varias jornadas exploratorias, se construyó un fuerte ocupado el 5 de abril de 1764, convalidado por un decreto real de Luis XV del 12 de septiembre de ese año. En poco tiempo, la colonia contaba con 150 pobladores.
España no podía aceptar esta situación. Aunque las coronas francesa y española estaban unidas por el Pacto de Familia de los Borbones, la presencia gala en Malvinas representaba un incentivo para que el Reino Unido avanzara con sus planes. Por ello, el marqués de Grimaldi, canciller de Carlos III, reclamó al francés duque de Choiseul la entrega de la colonia.
Francia, debilitada tras la Guerra de los Siete Años, evitó un conflicto con su aliada España. Choiseul, a disgusto, ordenó a Bougainville viajar a Madrid para acordar la devolución, que finalmente se concretó. Bougainville recibió luego una compensación económica por parte del gobierno francés.
Mientras tanto, el Reino Unido ya había instalado una base secreta en la isla Trinidad. El 1° de abril de 1767 se produjo el traspaso formal de la colonia francesa a manos españolas, quedando como gobernador, bajo dependencia de Buenos Aires, Felipe Ruiz Puente.
Los británicos habían planeado ocupar Malvinas desde 1749, pero desistieron ante la firme postura española. Incluso tras el viaje de Byron, el Almirantazgo creyó que las islas estaban deshabitadas. Sin embargo, en marzo de 1766, el propio Almirantazgo informó a McBride sobre la existencia de Puerto Luis, hecho que fue verificado el 2 de diciembre de ese año. McBride exigió entonces al gobernador francés Nerville el desalojo, alegando soberanía británica, reclamo que fue rechazado.
Con la cuestión francesa resuelta, la corona española ordenó a Bucarelli impedir toda presencia británica en el territorio del futuro Virreinato del Río de la Plata. En 1769, Bucarelli partió hacia Malvinas con tres navíos, mientras que el comandante Juan Ignacio de Madariaga zarpó desde Montevideo el 11 de mayo de 1770 con cuatro buques de guerra y 1.500 soldados, arribando a Puerto Egmont el 4 de junio.
El 10 de junio, Bucarelli ordenó el desalojo de los británicos, que se concretó con éxito. Tras una resistencia inicial, las tropas inglesas se rindieron y fueron autorizadas a regresar al Reino Unido.
Temerosa de una guerra, la corona española desautorizó luego a Bucarelli y abrió negociaciones diplomáticas. Como resultado, Puerto Egmont fue devuelto a los británicos el 15 de septiembre de 1771, cuando Juan José Vértiz ya gobernaba Buenos Aires.
Sin embargo, existía un acuerdo secreto por el cual el Reino Unido se comprometía a devolver voluntariamente las islas a España. Esto se concretó el 15 de septiembre de 1774, aunque los británicos nunca abandonaron su interés, como lo demostraron las invasiones al Río de la Plata y, finalmente, la ocupación de las Malvinas el 3 de enero de 1833, que se mantiene hasta la actualidad.
