Beijing amplió el límite a dos hijos y luego a tres en 2021 con la esperanza de frenar el envejecimiento acelerado de la población y revertir el declive demográfico.
Después de 10 años China puso fin hace una década a su draconiana política del ‘hijo único’, muchos analistas a nivel internacional vaticinaron un repunte de la natalidad y una estabilización de su población. Sin embargo, el resultado ha sido distinto: la campaña actual para incentivar a las familias a tener más hijos enfrenta hoy más escepticismo que entusiasmo.
La política de planificación familiar que limitó durante más de 35 años la mayoría de los hogares a un solo hijo terminó formalmente en 2015. Posteriormente, Beijing amplió el límite a dos hijos y luego a tres en 2021 con la esperanza de frenar el envejecimiento acelerado de la población y revertir el declive demográfico. Pero, diez años después, las cifras muestran que el cambio no logró sus objetivos demográficos más ambiciosos.
Según datos oficiales, China cerró 2024 con 1.408 millones de habitantes, marcando la tercera caída anual consecutiva de su población total. En ese año nacieron unos 9,54 millones de bebés, una cifra levemente superior a la registrada en 2023 —9,02 millones— pero aún muy por debajo de las cifras de hace una década. El índice de fecundidad (número promedio de hijos por mujer) ronda apenas uno, muy lejos del 2,1 necesario para mantener el reemplazo generacional.

El Gobierno chino ha desplegado una variada batería de incentivos para tratar de estimular los nacimientos. Entre ellos se incluyen subsidios económicos por cada hijo menor de tres años, exenciones en las cuotas de educación preescolar, aumentos en las licencias de maternidad y beneficios fiscales para familias con más de un hijo. En algunas ciudades se ha llegado incluso a ofrecer pagos en efectivo significativos por un segundo o tercer hijo, ayudas en vivienda y servicios de cuidado infantil.
Más recientemente, como parte de este esfuerzo, las autoridades anunciaron que desde el 1 de enero de 2026 dejarán de estar exentos del impuesto al valor agregado los preservativos y otros métodos anticonceptivos, una medida destinada simbólicamente a desalentar el control de la natalidad.
A su vez, el Gobierno anunció que, a partir de este año, cubrirá «sin gastos directos» todos los costos relacionados con el parto y atención prenatal como parte de una nueva política sanitaria más amplia para aliviar la carga económica de tener hijos.
Causas sociales y económicas detrás del fracaso natalista
A pesar de las múltiples iniciativas, muchas parejas jóvenes continúan postergando o descartando la idea de tener hijos. Analistas señalan que los incentivos no abordan los factores estructurales que desmotivan a las nuevas generaciones.
-
Costo de vida y educación: El precio de criar y educar a un hijo es una de las barreras más citadas por las parejas, con gastos familiares que superan con creces los ingresos medios en muchas zonas urbanas. EFE Noticias
-
Preferencias individuales: Encuestas señalan que un número creciente de jóvenes prioriza la estabilidad financiera, el desarrollo profesional y la calidad de vida sobre la maternidad o paternidad tradicional. KTVZ
-
Cambio cultural: La cultura del trabajo intensivo, la urbanización y la percepción de que una familia grande complica la movilidad y metas personales sigue influenciando las decisiones de vida. Radio Free Asia
-
Herencia del pasado: La política del hijo único dejó un legado demográfico que no se corrige de inmediato: generaciones criadas con un solo hijo y un profundo desequilibrio entre jóvenes y ancianos que dificulta la oferta de cuidados y el apoyo familiar tradicional.
El presidente Xi Jinping ha descrito repetidamente el desarrollo poblacional como un «asunto vital» para el futuro del país. A pesar de ello, la falta de respuesta entusiasta de la población a los estímulos oficiales plantea dudas sobre la efectividad de las políticas actuales y subraya la complejidad de revertir tendencias sociales profundamente arraigadas.
China no es la única nación con baja fertilidad; países como Japón y Corea del Sur enfrentan retos similares. Sin embargo, el tamaño de su economía y su papel geopolítico hacen que su crisis demográfica tenga repercusiones más amplias sobre la dinámica económica global y la estructura social interna.
