Murió Griselda Gambaro, figura del teatro argentino

Entre sus piezas más reconocidas se encuentra La malasangre, estrenada en 1982 y convertida con el paso del tiempo en una referencia.


Griselda Gambaro, una de las figuras fundamentales de la dramaturgia argentina, murió a los 98 años y dejó una obra atravesada por conflictos de poder, violencia, silencios y resistencia. Entre sus piezas más reconocidas se encuentra La malasangre, estrenada en 1982 y convertida con el paso del tiempo en una referencia del teatro nacional.

“Yo me callo, pero el silencio grita” es una de las frases centrales de la obra y sintetiza buena parte de su propuesta. Gambaro construyó una historia en la que aquello que los personajes dicen tiene tanto peso como aquello que eligen callar. Los gestos, las miradas y los silencios funcionan como elementos decisivos dentro de una trama marcada por las relaciones de poder.

Una historia atravesada por la violencia

La malasangre se estrenó el 17 de agosto de 1982 en el Teatro Olimpia, bajo la dirección de Laura Yusem. El elenco estuvo encabezado por Soledad Silveyra y Oscar Martínez, junto a Laura Murúa, Susana Lanteri y Patricia Contreras.

La historia transcurre durante la época de Juan Manuel de Rosas y presenta una sociedad atravesada por el autoritarismo. Ese contexto se replica dentro de la casa de Benigno, padre de Dolores, donde las relaciones familiares también están determinadas por el miedo, la obediencia y la violencia.

Dolores creció bajo esas reglas y encuentra en Rafael un vínculo amoroso que desafía el orden impuesto por su padre. Benigno ejerce sobre su esposa un dominio permanente y también controla a su hija mediante distintas formas de violencia. La educación, los códigos familiares y hasta el arte son utilizados como herramientas para sostener ese poder.

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La relación entre Dolores y Rafael constituye el eje de la obra. El romance se convierte en una forma de resistencia frente a la autoridad paterna y al sistema de sometimiento que domina la vivienda. La protagonista intenta desafiar las reglas que marcaron su vida desde la infancia.

Gambaro explicó que buscó contar una historia en la que el poder absoluto pudiera encontrar un límite cuando quienes se encuentran sometidos deciden enfrentarlo desde el coraje, la dignidad y la posibilidad de elegir.

En ese recorrido, el silencio adquiere un papel central. La conducta de la madre, los juegos humillantes impuestos por Benigno y las reacciones de los demás personajes construyen un clima de tensión creciente. El “te amo” de Dolores hacia Rafael termina funcionando como otro quiebre dentro de esa estructura.

Con La malasangre, Gambaro logró convertir un conflicto familiar en una representación de mecanismos más amplios de dominación y resistencia. La obra permanece como una de las piezas más significativas de su trayectoria y como parte del repertorio fundamental del teatro argentino.

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