Datos privados confirman este escenario en meses clave.
Por Roberto Pico
Cada día se suma un dato nuevo que confirma el estancamiento de la economía, principalmente en lo que hace a las actividades que le permiten generar ingreso a la mayoría de la población.
Durante la última parte de 2024 y el inicio de 2025, la estadística jugó a favor del gobierno, que pudo mostrar datos de crecimiento en la comparación contra mínimos generados por el impacto de las medidas tomadas en el inicio de la gestión.
Pero pasado ese efecto, tanto datos privados como públicos advierten que el proceso de recuperación se ralentizó al extremo y que, justo en el momento más álgido de la campaña electoral, no habrá ningún boom para mostrar.
Por otro lado, los diferentes informes que se conocen revelan que el repunte de la economía se sostiene por sectores como el petróleo, energía y minería, que no son suficientes para que el progreso derrame en el resto de las actividades.
El saneamiento macro con extrema contracción monetaria hace que “no hay pesos” para comprar “dólares”, pero tampoco los hay para otros bienes y servicios.
De allí que Milei y el equipo económico comandado por Luis Caputo buscan desesperadamente inyectar pesos en la economía para dinamizarla.
Primero fue la habilitación para que comercios vendan en moneda extranjera, luego se habilitaron cuotas en moneda extranjera, más tarde vino el plan dólar “colchón” y el último intento fue el desarme de las LEFI para obligar a los bancos a tener que prestar parte de los pesos sobrantes para incentivar el consumo. Ninguna de esas medidas por el momento funcionó.
Así, la producción interna sigue estancada.
“Se mantiene la dinámica de diferentes velocidades. Algunos sectores traccionando con fuerza, aunque con una moderación en el ritmo de crecimiento. Otros, vinculados al consumo interno, evidencian una salida lenta de la recesión. Y, por último, actividades como el turismo receptivo y la ocupación hotelera continúan en una situación claramente recesiva”, dijo la consultora Invecq en su último reporte.
Y realizó una aclaración pertinente: “mantenemos nuestra proyección de suba del 5% del PBI para 2025”, pero “este número está fuertemente influenciado por el efecto arrastre estadístico de la segunda mitad de 2024 y del impulso observado en los primeros meses del año. La economía cerraría el año en niveles similares a los del fines de 2024, por lo que el crecimiento restante requerido para alcanzar el 5% proyectado sería de alrededor de 1%”.
Esto quiere decir que el efecto de esta mejora en la población no se sentirá de una manera que cambie los ánimos.
Invecq enfatizó que “vuelve a ponerse en evidencia la dificultad estructural de la economía argentina para superar los techos de actividad alcanzados en los últimos años. Para quebrar esta inercia de estancamiento, será imprescindible que en los próximos meses se consolide la estabilización macroeconómica y se impulse una nueva fase de reformas estructurales”.
Para LCG, el diagnóstico es similar: “La actividad económica muestra indicadores variopintos, pero que mayormente indican un contexto de amesetamiento”.
“La inversión no se anima salvo en casos puntuales en donde son claros los márgenes de rentabilidad, las exportaciones crecen sólo muy tibiamente y el consumo público está limitado por la necesidad de revertir la crisis de solvencia y su mala reputación”, sostuvo la firma en un reciente reporte.
LCG subrayó que “lo único que daba aire a la recuperación era el consumo privado (principal componente del gasto), que ahora puede estar nuevamente limitado por la caída del salario real de los últimos meses (mayo mostró aumento, sólo por los públicos provinciales y los informales) y por el aumento de la morosidad bancaria, que augura una retracción del crédito a las familias”.
A este escenario se le puede sumar el último trabajo de la consultora de Orlando Ferreres, que informó que la producción industrial subió en junio 6,2% en forma interanual pero cayó 0,1% contra mayo.
La UIA comunicó números algo más holgados con un alza de 1% en la intermensual y 12% en la interanual, pero aún con el sector en niveles de noviembre de 2023.
El desafío para el gobierno está claro: poner más plata en la calle para consumo en meses clave para el resultado electoral a riesgo de algo más de inflación o resistir y confiar en que lo hecho será suficiente para el votante.
