El campo vuelve a traer buenas noticias de la mano de excelentes rendimientos en la cosecha de las oleaginosas.
Un soplo de aire fresco se coló por las ventanas de la Casa Rosada. No son nuevos anuncios de inversiones ni tampoco una nueva ayuda de organismos financieros internacionales o salvatajes. Como viene ocurriendo desde hace años, el campo vuelve a traer buenas noticias de la mano de excelentes rendimientos en la cosecha de las oleaginosas.
Aunque la marcha de las colecciones viene un poco atrasada debido al tórrido verano austral, los rendimientos por hectárea están reflejando que los saldos exportables serán aún más amplios de lo previsto.
En el caso del girasol, los primeros resultados arrojaron un rinde de casi 2,5 toneladas por hectárea, lo que dejaría una cosecha total del orden de los 6,5 millones de toneladas.
Hacía varias campañas que no se lograba un resultado tan amplio luego de que las políticas devastadoras del kirchnerismo destruyeran la producción local de esta fenomenal oleaginosa.
Cómo queda la jubilación mínima de ANSES en abril de 2026, tras el dato de inflación de febrero
En el caso del maíz, los cultivos aún aguardan las abundantes lluvias del comienzo del otoño para terminar de cargar las plantas y de esa manera lograr una cosecha que rondaría las 57 millones de toneladas, con rindes que podrían llegar hasta las 14 toneladas por hectárea.
En el caso de la soja de primera, las mejoras son aún más notables. Se estima que de cada cinco cultivos, cuatro presentan condiciones muy buenas a excelentes, mientras que para la soja de segunda la proporción es de dos tercios.
Con estos resultados, se alcanzaron rindes de hasta casi 10 toneladas por hectárea en el norte del país, mientras que en la región central los cultivos arrojaron cerca de 7 toneladas por hectárea.
De esta manera, la cosecha de soja podría rozar las 50 millones de toneladas, una cifra pocas veces alcanzada.
Esto dejaría un saldo exportador aún más amplio de lo previsto, lo cual engrosaría rápidamente las reservas del Banco Central y permitiría no sólo abastecer la demanda importadora de insumos, sino también absorber más pesos que hoy sobran en el mercado, sin necesidad de emitir.
De esta manera, la demanda de pesos sería abastecida sólo con los recursos actuales, poniéndole un freno a la inflación. La gran apuesta del ministro Luis Caputo para cumplir con su promesa de una inflación que comience con cero a partir de agosto.
El campo no sólo aporta las divisas necesarias para neutralizar la inflación y despejar dudas sobre la capacidad de repago de la deuda, sino que también trajo alivio en otro terreno.
Si el conflicto de Oriente Medio se prolonga, no sólo los precios del petróleo y el gas se van a disparar, sino que también lo harán los del resto de los commodities, en especial los alimentos.
Los excedentes exportables de la Argentina operarían en un doble sentido. Por un lado, la producción energética del país podría dar un salto enorme si el comercio del crudo se paraliza en el Golfo Pérsico.
En ese escenario, la Argentina podría superar la producción de un millón de barriles diarios hacia fin de año, lo que la convertiría en un actor decisivo del mercado mundial de hidrocarburos.
Las importaciones de ropa se dispararon: ingresaron casi 400.000 toneladas en 2025
El segundo factor favorable, que proviene del campo, es que para evitar que la suba del petróleo impacte en la inflación local, el Gobierno estaría estudiando ampliar el corte de biocarburantes en el despacho de combustibles líquidos domésticos.
Esto provocaría que los precios internos se mantengan contenidos.
Como dicen los productores rurales, “nunca cuentes los granos antes de la cosecha”. Por ahora, paciencia.
