Además, el magnate Elon Musk tendrá un rol fundamental. Cuál será.
Estados Unidos dio un nuevo paso en la transformación tecnológica de sus Fuerzas Armadas con la creación de un comando militar de cuatro estrellas dedicado al desarrollo y despliegue de drones, robótica e inteligencia artificial. La estructura fue anunciada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y tendrá entre sus principales objetivos acelerar la incorporación de sistemas no tripulados a las operaciones militares.
La decisión modifica la organización del Pentágono, ya que las tecnologías autónomas dejan de estar impulsadas únicamente por proyectos de las distintas ramas militares y pasan a contar con una estructura específica. El anuncio se produce además en medio de la competencia tecnológica con China, mientras Washington busca desarrollar capacidades que puedan tener un papel central en futuros conflictos.
La experiencia de la guerra en Ucrania aceleró el interés estadounidense por los sistemas autónomos de bajo costo y producción masiva. El conflicto mostró el impacto que pueden tener los drones en tareas de vigilancia, reconocimiento y ataque, además de su capacidad para reducir la exposición directa de los soldados. Para Estados Unidos, el desafío consiste ahora en trasladar esas lecciones a una estructura militar de mayor escala.
Según explicó el analista internacional Fabián Calle, Washington fue pionero en el uso militar de drones durante las guerras de Afganistán e Irak, aunque el modelo actual apunta a una utilización diferente. La estrategia combina plataformas sofisticadas con sistemas más económicos que puedan fabricarse en grandes cantidades y operar de manera coordinada.
La inteligencia artificial agrega una nueva dimensión. Los sistemas autónomos pueden procesar información, identificar determinados patrones y ejecutar tareas sin depender de manera permanente de un operador. Esa capacidad también resulta relevante en escenarios donde las comunicaciones pueden ser interferidas, ya que una plataforma con mayor autonomía podría continuar determinadas funciones incluso después de perder el enlace con quien la controla.
Uno de los desarrollos que Estados Unidos busca profundizar es el de los llamados enjambres de drones, capaces de acompañar a aeronaves tripuladas como los F-16, F-15 y F-35. En ese esquema, los aviones mantienen el control de la misión mientras las plataformas no tripuladas pueden asumir tareas de reconocimiento, protección o ataque. La misma lógica comienza a extenderse hacia vehículos terrestres y sistemas navales.
Junto con el nuevo comando, Hegseth anunció un grupo de estudio sobre el futuro de los conflictos en el que participarán Elon Musk, Palmer Luckey y Newt Gingrich. Musk no estará al frente de la nueva estructura militar, sino que aportará su experiencia tecnológica en áreas vinculadas con inteligencia artificial, comunicaciones, sistemas autónomos y tecnología aeroespacial.
La iniciativa abre también interrogantes sobre el papel que tendrá la intervención humana en las decisiones de los sistemas autónomos. Actualmente, muchas aplicaciones mantienen al operador humano en las decisiones centrales, aunque el avance tecnológico permite delegar progresivamente más funciones en las máquinas. El nuevo comando buscará acelerar ese proceso mientras Estados Unidos intenta adaptar sus capacidades militares a un escenario donde la robótica, los drones y la inteligencia artificial tendrán un papel cada vez mayor.
