Dos agendas: el desafío del Gobierno entre bajar la inflación y reactivar la economía

Mientras sostiene el ajuste fiscal y la disciplina monetaria, la Casa Rosada enfrenta demoras en reformas clave que podrían impulsar inversiones y empleo.


Por Miguel Ángel Rouco

En medio de un océano de incertidumbre, el gobierno de Javier Milei navega tironeado por problemas inmediatos y asuntos que requieren de una atención más cuidada pero que pueden desencadenar en una rápida reactivación de la economía.

Entre esos asuntos inmediatos, la obsesión presidencial es la derrota total de la inflación.

En eso está la Casa Rosada y los datos estrictamente económicos y monetarios abonan esa dirección. La contracción de la base monetaria, el aumento de los depósitos a plazo fijo y el incremento del crédito muestran que la tendencia es hacia una desaceleración de la inflación y de sus combustibles.

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El objetivo es acercarse al 1% mensual hacia fin de año, de manera de encauzar el sistema de precios hacia un horizonte de mayor normalidad acorde con los estándares internacionales.

Está claro que sin estabilidad de precios, pensar un horizonte de inversiones es decididamente irreal.

De allí que la compulsión del presidente Milei hacia un desarme definitivo del entramado inflacionario y de sus motores monetarios.

La persistencia del ajuste a rajatabla del superávit fiscal y de la disciplina monetaria es bien vista por todos los agentes económicos tanto locales como en el exterior.

Esto se traduce en una mayor vocación al consumo en la población local, ciertamente con cautela, y en una mejora de la calificación de la deuda y una caída del riesgo país por debajo de los 500 puntos básicos.

El proceso es lento pero persistente y las mejoras en los indicadores económicos son palpables.

Sin embargo, esa obsesión de corto plazo conspira contra asuntos de mediano plazo que pueden mejorar sustantivamente la actividad económica.

El gobierno necesita salir de su letargo en temas estructurales, sea por la vía de la desregulación o bien por la vía de las concesiones y/o privatizaciones que pueden dinamizar la economía.

Es como si el gobierno se hubiera dormido y olvidó los problemas estructurales por atender sólo lo inmediato.

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Una cosa no excluye la otra y las desregulaciones y privatizaciones están muy demoradas. Apenas pudo poner en marcha los nuevos contratos de algunos corredores viales.

Pero el gobierno deberá apuntar y reaccionar rápidamente para zamarrear a los agentes económicos.

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Se puede admitir por un momento que la agenda de corto plazo primó en las decisiones. Pero no se puede colegir que los temas estructurales no puedan ser impulsados.

Si no se puede cerrar Aerolíneas Argentinas, se puede escindir y privatizar Austral para introducir mayor competencia en un mercado claramente oligopólico y con una de las tarifas más altas del mundo en relación al costo por pasajero transportado.

También se puede desregular la generación, transporte y distribución de la energía y el gas para que el sector privado pueda invertir de acuerdo con la demanda insatisfecha.

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De la misma manera ocurre con el transporte, donde el colapso se vive diariamente.

Estos son algunos de los asuntos que el gobierno debe dinamizar rápidamente para dar impulso a las inversiones, abriendo la participación del capital privado de manera directa.

Esto puede generar no sólo más actividad económica sino también empleo para poder morigerar el costo de la transición del modelo económico.

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