El Gobierno busca variantes para salir del encierro que impone el modelo.
Por Roberto Pico
A esta altura no está claro si el Gobierno ya procesó que tiene un problema con el nivel de actividad, o si buscando maquillar la situación para ganar tiempo. Pocas semanas el ministro de Economía, Luis Caputo, admitió que “son conscientes” que el año que viene hay elecciones y que “iban a tomarse medidas”.
Esas medidas aparecieron en los últimos días y resultan de un impacto casi marginal dentro del contexto de asfixia económica que vive buena parte de la sociedad.
“Estamos en récord de consumo”, exclamó Caputo en una reciente aparición pública, afirmación en la que se esconde la compra de 10 camionetas de una minera y la pérdida de venta de 100 paquetes de galletitas en un supermercado de proximidad. El número final es positivo, el impacto no.
En el papel admiten problemas, en los discursos somos Disney
La desinflación no alcanza y mucho menos la opción de mejorar el crédito: “si no puedo mantener los gastos diarios, menos voy a sacar un crédito para consumir”, sería la respuesta lógica de cualquier transeúnte que haga un mínimo presupuesto familiar.
Para demostrar acción el Gobierno lanzó un plan para apuntalar los créditos hipotecarios. Serían entre 15.000 y 17.000 en un país en la que el déficit habitacional es 10 veces superior. Una medida en el buen sentido, pero inocua en el balance final.
Voceros oficiales hicieron trascender que buscan elevar el salario mínimo de bolsillo a $800.000. Nadie lo ratificó, nadie dijo cómo. Solo especulaciones para tratar de generar alguna expectativa favorable. Los empresarios aseguran que la actual demanda no alcanza. Los comentarios apuntan a mejorar los sueldos de gastronomía (en caída libre), ayudantes de construcción (estancada) y textiles (destruidos por la apertura comercial).
Entonces cuesta creer que realmente se concrete una medida de este estilo. Al menos en la realidad. A nadie se le niega un anuncio rimbombante con aplaudidores de turno. Acaba de reconocerlo el propio presidente de la CAC, Natalio Grinman.
El plan no está derramando. La proyección más crítica del programa se está haciendo realidad. Los tres sectores que dinamizan dan buenos números pero no tienen correlato en el humor social.
En público, Milei no da muestras de estar dispuesto a establecer cambios profundos. Lo que se observa es que habilita acciones de maquillaje.
El Gobierno podrá tomar plata de las indemnizaciones para financiarse
Caputo es el observado por el ala política del Gobierno, pero saben que no es el responsable final de las decisiones.
Patricia Bullrich es la única que se anima a decir en público lo que pasa. Es la única válvula de escape y la que cada día más coquetea con su sueño presidencial.
